El señor Yang es el presidente de Shanghai Chief Automobile Parts Company, un hombre jovial y de rostro lozano que fundó su empresa en 2010 a unos cuantos kilómetros de la ciudad dispersa y más poblada de China. A pesar de que la compañía tiene solo tres años, ya ha cosechado un gran éxito fabricando compresores de aire con motor diésel y recambios para conocidas marcas de camiones y vehículos comerciales.
Las dificultades que atraviesan las empresas occidentales del sector de la fabricación en estos tiempos de crisis económica contrastan con el rápido crecimiento de los negocios chinos. Como muchos de sus coetáneos –sobre todo los que conocí durante mi viaje reciente al país–, el señor Yang tiene al “tigre asiático” cogido por la cola; y no muestra intención alguna de soltarlo.
Tras empezar desde abajo, con el tiempo tuvo la oportunidad de asociarse con su tío para abrir otro taller, en el que fabricarían compresores de aire para el mercado nacional. “Era difícil ganar dinero”, le cuenta a mi intérprete. “La calidad era baja y el margen, muy pequeño. Eran productos que no ofrecían valor añadido y el mercado era limitado”.
Contra todo pronóstico, el negocio fue creciendo lentamente, y Yang, quien aspiraba a traspasar las fronteras de su país, empezó a sentirse frustrado por la falta de ambición de su tío. En 2010, dejó la empresa para dar comienzo al segundo capítulo de su vida laboral. Aunque salió de la empresa con pocos réditos económicos, había adquirido la experiencia y los conocimientos que le ayudarían en su nueva aventura empresarial.
“Me marqué un objetivo”, dice. “Crear mi propia empresa de ingeniería de precisión y expandirla a escala internacional. No quería limitarme al mercado interno”. Sin duda, el futuro de las empresas chinas a largo plazo pasa por trabajar con clientes europeos y de otras latitudes.
Con su primer cliente, Yang negoció un anticipo del 30% que, junto con un préstamo contra su casa, le permitió reunir el dinero para invertir en la fábrica y el equipo que necesitaba.
A pesar de su presupuesto limitado, Yang quería una marca de máquinas-herramienta con una productividad y una calidad contrastadas. La búsqueda lo condujo hasta Haas. “Las máquinas Haas tienen una relación calidad-precio muy buena, pero no solo eso, hay mucho más”, señala. “Uno de los factores más importantes fue que el control CNC parecía sencillo y fácil de usar. Sabía que en cuanto los operarios usaran las máquinas Haas, no querrían trabajar con otras marcas. El control es mucho más funcional y flexible que el de otras máquinas de precio similar”.
Cuando empezaron a llegar los pedidos de compresores de aire diésel, Yang necesitaba mecanizar varios tipos de componentes, como cigüeñales, pistones, varillas, culatas, cárters y otras piezas de motor. Puesto que los componentes de los compresores de aire son de hierro fundido, las piezas pesan mucho, así que la fuerza de corte es fundamental. Para realizar el mecanizo intensivo que necesitaba, Yang optó por un centro de mecanizado vertical VF-3YT con husillo de cono ISO 50 de Haas.
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