amec, la asociación de las empresas industriales internacionalizadas, constata que el actual modelo de innovación no contribuye al mantenimiento de la competitividad internacional de la economía y las empresas y alerta de que si esta situación que se está haciendo crónica no se revierte “tendremos un grave problema especialmente en un escenario de cambios profundos tanto en el ámbito tecnológico como en el social”, tal y como explica el director general de amec, Joan Tristany.
Durante la crisis, el conjunto de la UE ha incrementado la inversión en I+D un 25%, mientras que en España ha disminuido un 10% y en términos relativos retrotrae al país a la posición de 2004. Según el Índice Global de Innovación, España ocupa la posición 28, por detrás de Malta, Estonia y la República Checa. Los presupuestos públicos han disminuido un 30% desde 2010, a lo que hay que sumar además que solo se ha ejecutado un 50% de la inversión, tal y como refleja el Informe Cotec 2017. En España, la inversión en I+D+i respecto al PIB fue del 1,19%, muy lejos aún del objetivo del 3% requerido por la UE para 2020.
Ante esta realidad, se suma la baja participación de las empresas en la actividad de innovación, situándose en la mitad de la media de la UE. Destaca la baja contribución de las grandes empresas, pero, aunque las pymes contribuyen en un porcentaje superior, en el periodo 2010-2016 la proporción de pymes consideradas innovadoras cayó un 38%.
Asimismo, se constata la débil capacidad tecnológica del tejido productivo y el limitado nivel de competencias y habilidades de un alto porcentaje de los trabajadores para generar y gestionar innovación.
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