Axis Communications, experta en soluciones de videovigilancia, analiza por décimo año consecutivo las tendencias tecnológicas que marcarán el futuro del sector. Una de las principales conclusiones extraídas de cara al año que comienza es que, más que un conjunto completamente nuevo de tendencias, se observa una fuerte evolución en avances tecnológicos que habían empezado a irrumpir en el sector.
Las innovaciones tecnológicas llegan regularmente: la inteligencia artificial, los avances en la obtención de imágenes, las mayores capacidades de procesamiento de los dispositivos, las tecnologías de comunicaciones mejoradas… todo esto y mucho más ha afectado al sector de la seguridad en los últimos años. Incluso las tecnologías que aún parecen lejanas, como la computación cuántica, pueden tener algunas implicaciones potenciales a corto plazo a la hora de prepararnos de cara al futuro.
En este contexto, la compañía sueca también destaca un cambio relevante que ha tenido lugar durante los últimos años: el aumento de la participación e influencia del departamento de TI en las decisiones relacionadas con la seguridad y la tecnología de seguridad. Los departamentos de seguridad física y TI ahora trabajan en estrecha colaboración con el equipo de TI, muy involucrado en las decisiones de compra de dispositivos de seguridad física.
Esa influencia es clave para sentar las bases de las tendencias analizadas.
“El ecosistema es lo primero” se convierte en una parte importante de la toma de decisiones
La creciente influencia de los departamentos de TI está transformando la forma en la que las organizaciones abordan la adquisición de tecnología de seguridad. Este cambio de perspectiva impulsa un enfoque conocido como “el ecosistema es lo primero”, que se está convirtiendo en el punto de partida para prácticamente todas las decisiones posteriores.
Cada vez es más habitual que la elección inicial no se centre en un dispositivo o solución concreta, sino en el ecosistema tecnológico con el que el cliente desea trabajar a largo plazo. Es un planteamiento muy similar al que tradicionalmente ha guiado a la TI: en primer lugar, se selecciona el sistema operativo y, a partir de ahí, se elige el hardware y el software compatibles.
Este enfoque resulta especialmente lógico en un contexto donde las soluciones de seguridad integran una variedad creciente de dispositivos, sensores y analíticas. La integración fluida, la configuración eficiente, la gestión centralizada y la escalabilidad se vuelven esenciales, y solo pueden garantizarse plenamente dentro de un ecosistema coherente. Además, la gestión del ciclo de vida del producto -incluido el soporte continuo del software, un aspecto crítico- es mucho más viable cuando todo opera bajo un mismo marco tecnológico.
En definitiva, la decisión estratégica pasa por comprometerse con un ecosistema único que ofrezca amplitud y profundidad tanto en hardware como en software, respaldado por un proveedor sólido y una red amplia de partners tecnológicos.
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