El apagón del 28 de abril de 2025 en la península ibérica coincidió con una fase de crecimiento del almacenamiento energético en Europa y con una nueva etapa de políticas orientadas a reforzar la fabricación, el acceso a materiales y la autonomía industrial del sector de las baterías, según señala Fira de Barcelona en un artículo de tendencias.
Más allá del impacto puntual del apagón, el debate se inscribe en un escenario más amplio: el de una Europa que busca consolidar una base industrial propia en una tecnología que gana relevancia tanto para la estabilidad de la red eléctrica como para el avance de la transición energética.
Ese contexto se apoya en un mercado en expansión. Según SolarPower Europe, la Unión Europea instaló 27,1 GWh de nueva capacidad de almacenamiento en baterías en 2025, un 45% más que el año anterior, hasta alcanzar un total acumulado de 77,3 GWh. El crecimiento estuvo liderado por los proyectos de gran escala, que concentraron más de la mitad de las nuevas instalaciones, reflejando el peso creciente del almacenamiento en redes, renovables e infraestructuras energéticas.
A medida que crece ese mercado, aumenta también la atención sobre la autonomía industrial. En este caso, la cuestión no es solo instalar más baterías, sino decidir en qué medida Europa quiere fabricar dentro de su territorio una parte relevante de las tecnologías, materiales y equipos que necesitará durante la próxima década. En otras palabras, el almacenamiento se ha convertido también en una cuestión de capacidad productiva, seguridad de suministro y posición industrial.
Política industrial y tecnología
Europa ya cuenta con una base manufacturera significativa. En 2025, sumaba 252 GWh de capacidad nominal de fabricación de celdas, aunque la mayor parte de esa capacidad estaba orientada al vehículo eléctrico y no al almacenamiento estacionario. Al mismo tiempo, el sector sigue dependiendo en buena medida del exterior para distintos materiales, componentes y etapas de la cadena de suministro, lo que ha llevado a la Unión Europea a reforzar su estrategia en este ámbito.
Ese es precisamente el objetivo de normas como la Net-Zero Industry Act y el Critical Raw Materials Act. La primera busca impulsar la fabricación europea de tecnologías limpias estratégicas, entre ellas las baterías y el almacenamiento. La segunda fija metas para 2030 en extracción, procesamiento y reciclaje de materias primas estratégicas dentro de la UE, con la intención de reducir dependencias excesivas de terceros países y reforzar la seguridad del suministro.
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