Los nanomateriales están presentes en nuestra vida en muchos usos cotidianos, y asegurar la inocuidad de su uso es una de las preocupaciones emergentes. El grupo de trabajo “Oportunidades y retos de los nanomateriales” abordará durante Conama 2016 -del 28 de noviembre al 1 de diciembre en Madrid- los diversos retos que esta tecnología plantea al medio ambiente. Al tratarse de un campo muy novedoso, son muchas las lagunas que aún existen sobre su estudio y regulación.
Ropa que nunca se mancha, bombillas que se autoalimentan, tatuajes capaces de medir nuestras emociones, terapias certeras contra el cáncer… la nanotecnología abre un catálogo de sueños futuristas. Muchos de ellos se han hecho ya realidad en el presente sin que la sociedad sea muy consciente de ello.
La industria vive la fiebre de los nuevos materiales obtenidos a partir de las sustancias de siempre, oro, plata, cobre, etc., pero manejados a un tamaño casi imposible de imaginar: la milmillonésima parte de un metro; algo así como comparar el ancho de la tierra con el de una canica. A esa escala, el elemento tradicional presenta propiedades y comportamientos inesperados que disparan las posibilidades de la ingeniería.
Estas posibilidades dan lugar a una gran cantidad de beneficios medioambientales; por ejemplo, el tratamiento eficaz de las aguas residuales con filtros de nanotubos de carbono o células solares de producción de energía renovable que utilizan nanocristales de silicio.
Oportunidades y retos de los nanomateriales
La pregunta es: ¿tenemos suficiente control sobre posibles consecuencias adversas?
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