Si algo caracteriza el entorno empresarial en los dos últimos años ha sido la aguda crisis económica en la que todavía hoy seguimos inmersos. A lo largo de este proceso se ha puesto de manifiesto la importancia de la transparencia y la ética como atributos estrechamente vinculados a la gestión empresarial.
En este sentido, son muchos los expertos que desde el mundo empresarial han apoyado la idea de que la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) ha fallado a la hora de reducir los riesgos y corregir conductas. Además, la tesis de que la crisis económica supondría el fin de la RSE ha sido recurrente.
A esto, hay que añadir que los presupuestos de las empresas han sufrido importantes recortes, especialmente en aquellas actividades más alejadas de su core business o con una menor tangibilización de resultados, lo que sin duda representa un serio riesgo para los programas vinculados a la Responsabilidad Social Empresarial.
Los ciudadanos, por su parte, en cuanto a su papel como consumidores de bienes y servicios, también han adaptado sus conductas a esta nueva situación. La crisis ha aflorado nuevas inquietudes y una manera distinta de enfocar el acercamiento a la RSE.
Otra línea de pensamiento apunta hacia un fenómeno de “depuración de la RSE”. Esta tesis afirma que, si bien ha habido organizaciones que han abandonado, total o parcialmente, sus prácticas de RSE, sólo ha sido así en el caso de las que no tenían integrada la RSE en su estrategia de negocio. En estos casos, habría servido para moderar la exuberancia de determinadas políticas de RSE que eran consideradas como una parte accesoria y prescindible de la actividad corporativa.
Frente a este tipo de organizaciones, aquellas que sí tienen integrada la RSE en su estrategia de negocio y la consideran como una herramienta de competitividad que permite gestionar mejor la organización, los riesgos de manera más eficiente y atraer y retener tanto a clientes como a empleados, no han abandonado este tipo de actividades.
El Informe Forética 2011 permite obtener una visión precisa y exacta de la realidad del marco de desarrollo de la RSE en el tejido empresarial de España en la actualidad, así como de la evolución que el fenómeno ha experimentado en los dos últimos años, haciendo hincapié en los efectos que la crisis ha tenido en la forma en que las empresas hacen frente al reto de la sostenibilidad.
También investiga cómo ha evolucionado el concepto de la RSE en los ciudadanos y cómo las distintas iniciativas, tanto públicas como empresariales, y la situación económica adversa han impactado en su conducta. Destaca especialmente el análisis de su papel como consumidores y agentes de cambio sobre el comportamiento de las empresas.
Empresas
Una de las más destacadas conclusiones del Informe Forética 2011 con respecto a anteriores ediciones es el incremento sustancial en el conocimiento del fenómeno de la RSE por parte de las empresas españolas. Sin embargo, este crecimiento muestra ciertas asimetrías a subrayar. La responsabilidad social es hoy un fenómeno notorio, pero la brecha de conocimiento entre las pequeñas empresas y las medianas y grandes se ha acrecentado de manera importante. La visión de la RSE es cualitativamente distinta entre ambos grupos en cuanto al concepto, la percepción de su utilidad y el grado de escepticismo con respecto a su desarrollo futuro.
Notoriedad y nitidez de la RSE
La notoriedad mide el grado de penetración del concepto en el tejido empresarial. La nitidez por su parte, trata de observar la claridad con que este se ha ido asentando en la empresa en relación con el concepto de Responsabilidad Social generalmente aceptado. Un buen grado de notoriedad y nitidez son elementos indispensables para el desarrollo del fenómeno de la RSE.
La RSE se instala en el discurso empresarial; seis de cada diez empresas ya conocen la RSE. Así, prosigue la consolidación del conocimiento del concepto de la RSE en el tejido empresarial español. Hay un incremento significativo del número de empresas que manifiestan que conocen la RSE. Estas pasan del 54% al 60% en 2010. En el caso de la grande y mediana empresa, la notoriedad de la RSE es prácticamente total, alcanzando el 96% en respuesta espontánea. Esto contrasta con la pequeña empresa, donde este tipo de notoriedad se sitúa en el 52%.
La nitidez se incrementa en la gran y mediana empresa, mientras que la pequeña empresa cede posiciones. El concepto evoluciona de manera dispar entre la pequeña empresa, que no acaba de capturar el concepto, y la empresa de mayor tamaño, cuya visión se ajusta a la ortodoxia.
La evolución de la nitidez es distinta en función del segmento que se analice. La empresa mediana y grande experimenta una mejoría a la hora de definir la RSE de manera espontánea, con un 83% de atributos enunciados relacionados con aspectos sociales y ambientales. El 17% restante corresponde a otros atributos de mercado. En el caso de la pequeña empresa, el concepto de RSE se desdibuja ligeramente, reduciendo los atributos típicamente vinculados a la RSE e incrementando significativamente el Ns/Nc.
Actitudes empresariales hacia la RSE
La actitud que muestra una organización en su acercamiento a la Responsabilidad Social puede ser indicativa de tendencias presentes y futuras con respecto al desarrollo y evolución de las políticas de RSE dentro del tejido empresarial.
Las empresas muestran una actitud más defensiva ante la RSE en un contexto de crisis. Hay un repunte del escepticismo en torno a la RSE. Las empresas españolas opinan de manera mayoritaria que la RSE genera beneficios mutuos a la sociedad y al sector empresarial, aunque reconocen la dificultad de cuantificar estos beneficios. La percepción acerca de la utilidad y consistencia de la RSE, por su parte, ha retrocedido como consecuencia de un mayor escepticismo. Los autores del informe de Forética sostienen que esta percepción menos favorable se debe fundamentalmente al fuerte deterioro de la coyuntura económica, que conduce a las empresas a adoptar una posición más defensiva. Así, las posturas más escépticas hacia la RSE son las mantenidas por las pequeñas empresas (menos de 100 empleados), mientras que en las medianas y grandes dominan las posiciones más favorables a la utilidad de la RSE. Esta brecha constituye una constante a lo largo de todo el informe.
Por otra parte, las perspectivas del futuro de la RSE siguen siendo positivas: la importancia de la RSE seguirá creciendo, pero a tasas inferiores. El 84% de las empresas piensa que la importancia de la RSE va a ser igual o mayor en los próximos años. Este dato se encuentra ocho puntos por debajo del registrado en el Informe Forética 2008, edición en la que el consenso se situaba en el 92%. Sin embargo, este descenso es atribuible al segmento de la pequeña empresa de manera exclusiva. Así, un 56% de las pequeñas empresas estima que la importancia de la RSE crecerá frente a un 66% en 2008. En el extremo negativo, un 11% de las empresas piensa que la RSE va a tener menor importancia en el futuro.
El conjunto global de las respuestas sugiere que la RSE seguirá consolidándose en el futuro, aun cuando la pequeña empresa se muestre más reticente en este sentido. Parece razonable que el efecto tractor de las medianas y grandes empresas, con gran influencia sobre las pequeñas, ayude en este sentido.
Las prioridades en RSE también se adaptan al ciclo económico: gana importancia la creación de empleo en detrimento del medio ambiente. La empresa española consolida el marcador de prioridades en materia de RSE del Informe Forética planteado en anteriores ediciones. Los cambios producidos responden a una adaptación al contexto socioeconómico actual, donde ganan posiciones las variables vinculadas al empleo -cuatro de las cinco prioridades top responden a esta dimensión, frente a tres en 2008– y ceden el medio ambiente y la protección del cliente. No obstante, se advierte que estos cambios son ligeros y no varían el marco global de prioridades empresariales en RSE.
Integración estratégica y operativa de la RSE
A la hora de integrar la RSE en la organización, la metodología de Forética distingue entre dos niveles: el estratégico –responsable de formular, aprobar y supervisar la estrategia de responsabilidad social– y el operativo –responsable de ejecutar e implementar la estrategia de RSE-. En el análisis, solo se consideran aquellas empresas que tienen una política de RSE.
La Dirección General constituye el principal impulsor de las políticas de RSE, seguida del Consejo de Administración. Cinco de cada cien empresas tienen estructurada la función de la RSE mediante políticas y procedimientos sistematizados.
Un 5% de las empresas en España tiene una política de RSE formalizada por escrito y otro 11% se encuentra en proceso de formalización. Por lo que respecta al máximo órgano responsable, como se ha señalado, se observa que el principal impulsor de la RSE a nivel estratégico es la Dirección General, en un 44,5% de los casos, seguido del Consejo de Administración con un 25,4%.
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