Forética, la asociación de empresas y profesionales líder en gestión ética y responsabilidad social empresarial (RSE), ve muy positiva la publicación del informe, que actualiza sobre los avances de los distintos Ministerios y organismos en tres apartados: medio ambiente, derechos y políticas laborales y buen gobierno.
Como destacó el director general de Forética, Germán Granda, “las Administraciones Públicas deben tener un nivel muy elevado de exigencia en materia de transparencia”. Recalcó que “se trata de un aspecto fundamental para nuestra reputación como país, y un atributo que atrae la inversión extranjera y mejora la competitividad”.
Esta opinión la refuerzan datos recogidos en el reciente estudio de Forética “El valor de la transparencia”, en base a información del Foro Económico Mundial, que indica que las economías con mayor nivel de transparencia de sus instituciones crecerán un 12% más que el resto de las economías avanzadas en el periodo 2012-2017. Además, los niveles de transparencia afectan directamente a la prima de riesgo de los países.
Elementos vinculados a transparencia y buen gobierno serán objeto de análisis en el estudio que van a elaborar Forética y Marca España en el marco del convenio que han firmado recientemente para la creación del grupo de trabajo “RSE – Marca España”.
El valor de la transparencia
Pocas veces en la historia reciente se ha manifestado la importancia de la transparencia con tanta claridad como en estos momentos. Resulta prácticamente imposible marcar con nitidez el momento en el que ha comenzado a cristalizar esta tendencia que ha presionado a gobiernos, empresas, ONG e incluso a Casas Reales a realizar importantes esfuerzos por incrementar su transparencia.
Parece razonable pensar que los recientes escándalos de corrupción y fraude en empresas, instituciones e incluso países, han servido de catalizador hacia una mayor transparencia. Siendo esto rigurosamente cierto, cabe recordar que este tipo de disfunciones socio-económicas han sido prácticamente una constante a lo largo de la historia. Dos fenómenos recientes, sin embargo, han contribuido a acelerar significativamente esta tendencia hacia una mayor transparencia.
El desarrollo de las nuevas tecnologías (IT), por un lado, permite la accesibilidad; por otro, la ubicuidad y permanencia de la información hacen de cualquier error una mancha imposible de limpiar. A través de las redes sociales, cualquier individuo puede convertirse en una amenaza potencial.
Por otro lado, la grave crisis económica en todas sus facetas -desde la burbuja inmobiliaria, las innovaciones financieras difíciles de comprender y gestionar, las insolvencias soberanas, las crisis bancarias y de divisas, pasando por los fiscal cliffs y, quizá, los crashes en materias primas- han puesto de manifiesto una creciente interdependencia entre economía, política, relaciones internacionales y recursos naturales. Simplemente desde una perspectiva de gestión de riesgos, la transparencia tiene un gran valor por sí misma.
Hoy en día existen pocas o ninguna institución en el mundo desarrollado que no reconozcan expresamente la necesidad e importancia de la transparencia. Es más, nos encontramos en el periodo de la historia universal con mayor cantidad de información pública y disponible para los grupos de interés. Esta afluencia de información viene dada, bien por exigencias normativas -por ejemplo, la publicidad de las cuentas anuales-, bien por un ejercicio de autorregulación -un sector o grupo de empresas se alían para presentar información periódica más allá de la exigida por ley-, o bien por un compromiso voluntario de una entidad o institución. Además, otros emisores, como los medios de comunicación o las redes sociales, multiplican la información disponible hasta generar saturación. En este sentido, el verdadero reto no consiste en cuánta información se pone en manos del público, sino en cómo ponderar, segmentar, sintetizar y presentar la información verdaderamente para los grupos de interés.
Una de las tendencias relativas a transparencia más significativas en el ámbito corporativo es la elaboración de memorias de sostenibilidad. Este fenómeno que comenzó como una buena práctica ha acabado por convertirse en una obligación de facto, especialmente para empresas multinacionales. De acuerdo con Global Reporting Initiative (GRI), en 2011 se registraron 2.672 informes de sostenibilidad, frente a 43 en el año 2000. Esto supone un incremento medio anual del 45.5%, y abarca prácticamente todas las industrias y regiones del mundo. Es importante señalar que tras este crecimiento exponencial no hay una exigencia regulatoria, sino una iniciativa voluntaria autoimpuesta por las propias organizaciones.
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