En 2015 la energía eólica y la energía fotovoltaica representaban ya cerca del 77% de la potencia instalada a nivel mundial y continúan aumentando. La hidroeléctrica representó la mayor parte del 23% restante.
Las energías renovables siguen liderando el mercado mundial, gracias a una contundente reducción de los costes de sus tecnologías. El reto pasa ahora por desarrollar sistemas de almacenamiento que permitan su integración masiva en la red, y seguir reduciendo el coste de las energías renovables ya gestionables como la energía solar termoeléctrica.
A pesar de que la energía renovable no se limita a la producción de electricidad, sino que permite también la generación de calor o de combustibles, quizá sea la primera su aplicación más visible. Ya no resulta raro escuchar que el precio de la luz sube porque “no ha soplado el viento” o porque “no ha salido el sol”.
La opción más económica
El éxito de las renovables ha sido innegable y han pasado, en muy pocos años, de considerarse caras a ser la opción más económica. También han conseguido posicionarse como las energías dominantes cuando anteriormente eran testimoniales.
Las cifras hablan por sí solas. La energía eólica y la solar fotovoltaica siguen aumentando su potencia instalada. En 2015, representaron cerca del 77% de las nuevas instalaciones a nivel mundial, mientras que la hidroeléctrica era predominante en el 23% restante. Este desarrollo ha sido posible gracias al abaratamiento de estas tecnologías, capaces de generar electricidad a un coste (€/kWh) inferior a casi todos los sistemas convencionales.
El reto de futuro
Pero, ¿cuál va a ser el principal reto del futuro? Sin duda, la gestionabilidad. Si la electricidad renovable no se puede almacenar a un coste razonable, tendrá limitada su penetración y será difícil alcanzar un sistema eléctrico 100% renovable. Como no es factible almacenarla directamente, es necesario convertirla en energía mecánica (bombeo de agua, volantes de inercia…), química (baterías, combustibles…) o electromagnética (supercondensadores) para, después, volver a transformarla. En estos momentos, salvo en el caso de las centrales hidroeléctricas de bombeo, no se dispone todavía de un sistema asequible para esta finalidad.
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