Europa se enfrenta a una doble exigencia: avanzar en sus objetivos climáticos sin perder competitividad industrial en un entorno global cada vez más exigente. Sobre este complejo equilibrio reflexiona Katja Scharpwinkel, miembro del Consejo de Dirección de Basf y exvicepresidenta del Consejo Europeo de la Industria Química (Cefic), que será la ponente invitada en la Gala Dinner de Expoquimia el 3 de junio. Desde Ludwigshafen (Alemania), donde dirige el mayor complejo industrial del grupo y lidera áreas clave como la gestión de los sites europeos y la transformación industrial, analiza un momento decisivo para el futuro de la química en Europa
Un cambio estructural
“La industria química europea atraviesa un momento especialmente complejo”, afirma. “El comercio mundial, el enfoque hacia las tecnologías clave y la forma en que interactúan los estados están cambiando de manera radical, y no hay vuelta atrás. Este nuevo escenario redefine las reglas del juego y no admite dudas ni inmovilismo. En Basf somos plenamente conscientes de ello. No esperamos a que el entorno cambie por sí solo, sino que tomamos la iniciativa, impulsamos nuestra transformación y nos centramos en aquello que está bajo nuestro control”.
“En términos generales, el sector químico europeo soporta una presión muy elevada. A pesar de las múltiples iniciativas en marcha, sigue faltando una visión global que permita recuperar una senda clara de crecimiento. Europa avanza con demasiada lentitud y de forma poco coordinada a la hora de aplicar las soluciones ambiciosas que exige uno de los momentos más decisivos de las últimas décadas”, apunta con rotundidad.
Katja Scharpwinkel afirma que “estas dinámicas ya se reflejan con claridad en las cifras. En los sectores clave, los cierres de plantas y la destrucción de empleo han alcanzado una dimensión nueva y preocupante”. Según sus datos, solo en la industria química, el número de cierres en Europa se ha multiplicado por seis desde 2022: casi el 10% de la base productiva europea ha desaparecido. Las inversiones se han estancado y grandes empresas están desinvirtiendo en activos europeos. Hasta ahora se han perdido unos 20.000 puestos de trabajo directos y cerca de 90.000 empleos indirectos están en riesgo. No estamos ante una recesión cíclica, sino ante un cambio estructural”.
Estos datos sugieren que “es imprescindible comparar la posición europea con la del resto del mundo, especialmente en ámbitos como los costes energéticos, las vías de transformación ecológica y el marco regulatorio. Puede resultar incómodo reconocerlo, pero una parte importante de la pérdida de competitividad industrial tiene su origen en Europa. Y esa constatación implica algo fundamental: si el problema está aquí, la solución también debe encontrarse aquí”.
“Nuestras empresas -comenta la ponente invitada en la Gala Dinner de Expoquimia- se enfrentan a la competencia mundial a diario. Todo gira en torno a la innovación, la rapidez y, sobre todo, a la competitividad en costes. Debemos ser más ágiles, más pragmáticos y estar más centrados. Existe una desventaja significativa en aquellos productos cuyos costes dependen principalmente de las materias primas y la energía, como las materias primas básicas y los productos químicos básicos. En términos generales, la competitividad dentro de la industria química tiende a aumentar a medida que se avanza en la cadena de valor. Esto se debe a que la proporción y la relevancia de los costes energéticos y de materias primas disminuyen, mientras gana peso la innovación y la capacidad de ofrecer soluciones específicas para cada cliente”.
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