En el documento, se proponen cinco áreas de investigación: La seguridad ciudadana y alimentaria; Peligros microbiológicos y Organismos deteriorables; Peligros químicos, biológicos y físicos, incluidos contaminantes ambientales; Herramientas para la evaluación y gestión de riesgos en la cadena alimentaria, y Tecnologías para hacer alimentos seguros y aumentar la calidad de vida. En el acto de presentación, participaron 35 expertos europeos en seguridad alimentaria, que expusieron las denominadas zonas de seguridad de los alimentos ante un público formado por representantes de la industria, los consumidores, reguladores, investigadores y miembros de la Comisión Europea.
Beate Kettlitz, director de Política Alimentaria de FoodDrinkEurope, dio respuestas sobre la agenda de seguridad a los representantes de la industria y afirmó que 'poco importa el etiquetado, la comercialización, la innovación e incluso la nutrición si el alimento no es seguro'. Tras la presentación, el panel de expertos coincidió en que la seguridad alimentaria debe formar parte de la agenda científica y de los programas económicos de los países.
En la década de los 90, la “Enfermedad de las vacas locas” y la “Crisis de la dioxina” impulsó una nueva era en la seguridad alimentaria, en la que la Comisión Europea redactó el libro blanco de la seguridad en la alimentación y, así mismo, estableció la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). Desde entonces, se han elaborado políticas y legislaciones más exigentes y han surgido organismos nacionales encargados de evaluar y comunicar los riesgos de seguridad de los alimentos. Pero la vigilancia tiende a relajarse en los momentos en los que no existen crisis importantes relacionadas con la seguridad alimentaria. A juicio de los expertos de Safe, nuestra cadena alimentaria es aún vulnerable, como quedó demostrado en Alemania en 2011 con la muerte de 47 personas por ingerir brotes de soja en mal estado o, más recientemente, con los problemas de autenticidad que rodea la carne de caballo.
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