La industria química europea hizo el 11 de febrero un llamamiento a la acción a los jefes de Estado y a los líderes de la Unión Europea para que adopten medidas urgentes y ambiciosas dirigidas a reducir los elevados costes de la energía, reforzar los instrumentos de defensa comercial y los mecanismos de acceso a la financiación de la inversión industrial, así como avanzar en la simplificación regulatoria; todo ello, con el objetivo de fortalecer la competitividad de la industria química europea y disponer de una mayor autonomía estratégica en un momento en el que atraviesa una situación crítica.
En este contexto, el sector ha recalcado que no puede haber una Europa resiliente, segura ni fuerte sin una base industrial sólida, y que el momento actual exige pasar del análisis a la acción.
Este llamamiento se enmarca en la Cumbre de la Industria celebrada en Amberes (Bélgica), que contó con la participación de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; el primer ministro belga, Bart De Wever; el canciller alemán, Friedrich Merz; el presidente francés, Emmanuel Macron; el primer ministro neerlandés, Dick Schoof, y el canciller austríaco, Christian Stocker Senior. Asimismo, asistieron los vicepresidentes ejecutivos Teresa Ribera y Stéphane Séjourné, así como el comisario Wopke Hoekstra y el vicepresidente del Parlamento Europeo, Martin Hojsík, junto a más de 500 líderes empresariales, que subrayaron la urgencia política de afrontar la crisis industrial europea.
La Cumbre tuvo lugar un día antes de la reunión informal del Consejo Europeo en Alden Biesen (Bélgica), que representó una oportunidad clave para adoptar decisiones que permitan reforzar la competitividad industrial, asegurar el empleo de calidad, fortalecer la autonomía estratégica de Europa y transformar el Clean Industrial Deal en resultados tangibles para las empresas.
La celebración, por tercer año consecutivo, de esta Cumbre responde a la paulatina pérdida de competitividad industrial en Europa, en un contexto marcado por tensiones geopolíticas, una competencia global creciente y la elevada presión regulatoria por parte de la UE.
En este escenario, la industria química, considerada ‘la industria de las industrias’ por su papel transversal en sectores clave como la movilidad, la salud, la energía o el cumplimiento de los objetivos de neutralidad climática, atraviesa un deterioro competitivo sin precedentes. Esta situación requiere la adopción de un paquete de medidas urgentes, estructurales y coordinadas por parte de las autoridades europeas y nacionales que eviten la aceleración de los procesos de desinversión y, con ello, la pérdida de riqueza y empleo, y el riesgo de comprometer la autonomía estratégica en estos sectores clave.
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