En la continua evolución tecnológica que conlleva el impulso y la diversificación de un Internet de las Cosas (IoT) cada vez más extendido y que ha irrumpido con fuerza en los procesos industriales gracias al avance de la analítica de datos, emerge con el mismo empuje la necesidad de revisar y mejorar todo lo relacionado con la seguridad en las comunicaciones, si queremos seguir avanzando en el desarrollo del ecosistema IoT.
En el escenario de futuro que plantean las 'cosas' autónomas y conectadas, la seguridad se ha convertido en elemento de crítico. Aquí es donde la criptografía cuántica, que utiliza las leyes de la mecánica cuántica para la generación de claves seguras, entra en acción y busca garantizar las comunicaciones seguras de extremo a extremo.
La versátil interacción que tiene lugar en las comunicaciones entre personas y máquinas se presenta como un elemento vulnerable desde el punto de vista de la seguridad; un factor que emerge ante la necesidad de que tanto dispositivos como sensores y redes IoT sean capaces de resistir la carga de profundidad en complejidad computacional y matemática que emplean los cada vez más comunes ataques criptográficos, habida cuenta de la sofisticación de las amenazas procedentes de comunidades enteras de hackers operando desde cualquier lugar del mundo.
La vulnerabilidad de las claves criptográficas actuales frente a la potencia computacional que está por venir
La criptografía poscuántica se presenta como el siguiente paso al que han de evolucionar los algoritmos criptográficos que se emplean habitualmente, los cuales han sido desarrollados teniendo en cuenta ciertos parámetros de seguridad con la finalidad de que protejan la información frente a ataques que puedan ser perpetrados por la futura potencia que adquirirán en un futuro los ordenadores cuánticos.
Es por ello que la criptografía poscuántica supone un progreso frente al uso que damos en la actualidad a los algoritmos criptográficos actuales, los cuales son altamente vulnerables ya que pueden ser fácilmente quebrantados a través de un ordenador cuántico medianamente potente. El problema con el que se enfrentan los algoritmos que se emplean habitualmente es que su seguridad depende de tres problemas matemáticos de gran complejidad que, paradójicamente, pueden resolverse con relativa facilidad por ordenadores cuánticos dotados de la suficiente potencia.
Incluso los ordenadores cuánticos experimentales que conocemos hoy resultan poco potentes para atacar cualquier algoritmo criptográfico convencional; no obstante, cada vez más criptógrafos apuestan por el diseño de nuevos algoritmos con mayor carga de complejidad con la finalidad de estar preparados en el momento en el que la era de la computación cuántica se convierta en una realidad.
Pese a que todavía no constituyen una materialidad dada la escasa potencia con que cuentan los primeros modelos actuales, la amenaza de las computadoras cuánticas es real, y que alguna de éstas caiga en manos de organizaciones de hackers también lo es. En un futuro no muy lejano se construirá una computadora cuántica con la suficiente potencia que será capaz de dar al traste con los procedimientos de seguridad en que confiamos. No obstante, cuando llegue el momento de la obtención del primer ordenador cuántico de elevada potencia computacional, los nuevos algoritmos poscuánticos deberán estar ya presentes y así permitir a las infraestructuras y tecnologías seguras que se han desarrollado en las últimas décadas seguir funcionando con seguridad con apenas unos cambios menores.
Para poder ver el contenido completo tienes que estar suscrito. El contenido completo para suscriptores incluye informes y artículos en profundidad