El repunte de las brechas de seguridad en el último año, agravado por los ataques relacionados con la COVID-19, no ha hecho más que aumentar la importancia de la inteligencia contra ciberamenazas (del inglés cyber threat intelligence o CTI), como una de las mejoras bazas para evitar los estragos de los ciberataques. Esta es una de las conclusiones principales de la encuesta SANS Cyber Threat Intelligence 2021, avalada por la compañía experta en plataformas de operaciones de ciberinteligencia ThreatQuotient™, tras explorar la situación del uso global de las defensas digitales.
Cambio sustancial
La inteligencia contra ciberamenazas ya no se percibe como algo exclusivo de una minoría de las organizaciones, con un cambio sustancial en el número de empresas que reconocen sus beneficios como una apuesta segura para ayudar en la toma de decisiones y en las estrategias de respuesta. De este modo, preguntados por la valía de la inteligencia contra ciberamenazas, el 77% de los encuestados afirmó que este tipo de ciberinteligencia mejoraba sus capacidades de detección y respuesta, el 78% calificó que los datos e información fueron aprovechados para detectar amenazas y ataques, el 70% los utilizó para ayudar a bloquear amenazas y el 66%, para apoyar su respuesta a incidentes.
El crecimiento del uso de la inteligencia contra ciberamenazas entre organizaciones de todos los tamaños se demuestra también en el hecho de que el 85% de los encuestados afirman utilizarla ya activamente contra ciberamenazas, mientras que el 15% restante “todavía no lo hace, pero tiene previsto hacerlo a corto plazo”.
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