El tratamiento térmico es un proceso clave en una amplia variedad de componentes forjados que permite controlar las características mecánicas y la microestructura de las piezas, tanto para facilitar su posterior mecanizado, como para conseguir su condición final de servicio. Se trata de un proceso con un alto consumo energético, realizado generalmente sobre lotes ya enfriados a temperatura ambiente y que en multitud de ocasiones requiere del uso de hornos de normalizado a temperaturas en torno a los 900 °C.
Por su alto consumo energético y por los recursos destinados a la logística asociada a la producción, se han desarrollado otras alternativas más eficientes, como el enfriamiento controlado o la aplicación del tratamiento térmico en línea tras la forja. En este último caso, se aprovecha el calor residual de los componentes recién forjados, sin tener que aplicar tanta energía para elevar su temperatura hasta los niveles deseados. Además, mediante este método, cada pieza se trata térmicamente de forma unitaria, con lo que se disminuyen los tiempos de calentamiento y enfriamiento de cada pieza y, consiguientemente, también los tiempos totales empleados en el proceso de fabricación.
Sin embargo, realizar un proceso de forja y tratamiento térmico en línea no siempre es posible, sea por la geometría de la pieza, por requerimientos de calidad, o por la distribución y los espacios disponibles en la propia planta.
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