Su invención de la química del poliuretano (PUR), basada en la reacción de diisocianatos y polioles, se implantó no sin esfuerzo: la idea de sintetizar plásticos a partir de los isocianatos, conocidos por su elevada reactividad e inestabilidad química, no fue bien acogida por sus superiores. A pesar de ello, el 13 de noviembre de 1937 se solicitó una patente sobre los resultados de la investigación y se puede considerar que la patente imperial alemana DRP 728.981 constituye la «partida de nacimiento» de la química del poliuretano.
Al contrario de lo que se esperaba, a partir de los primeros intentos no se consiguen fibras —que llegarían algo más tarde—, sino una espuma cuyos poros se deben a la formación de dióxido de carbono como subproducto.
La década de 1940: labor pionera para químicos e ingenieros
Paralelamente al trabajo de laboratorio, el inventor y su equipo se dedican a dilucidar dónde podrían aplicarse las espumas, fibras y elastómeros del nuevo plástico. Algunas citas de las patentes básicas registradas hasta 1948 demuestran que los investigadores desarrollaron una enorme creatividad: «los materiales porosos ligeros son adecuados como material de soporte en la construcción de aviones y barcos, como aislante térmico y acústico, para piezas de mobiliario, ruedas, juguetes, construcción de edificios, prótesis, suelas de calzado y vendajes de tracción».
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