El diseño industrial está desempeñando un papel cada vez más relevante en la transición hacia un modelo de consumo más sostenible. Así, en sectores como el de la limpieza ecológica, donde el compromiso medioambiental del producto es un factor decisivo de compra, el envase ha dejado de ser un elemento secundario para convertirse en un componente técnico, comunicativo y logístico.
Este enfoque ha sido adoptado por compañías como Ecobel, especializada en productos de limpieza ecológicos, que incorpora criterios de ecodiseño a lo largo de todo su proceso de desarrollo. La compañía utiliza envases fabricados con plástico reciclable, etiquetas impresas con tintas sin disolventes y sistemas de cierre que facilitan la separación de materiales, lo que contribuye a mejorar su reciclabilidad. Además, promueve fórmulas concentradas y envases recargables, con el objetivo de reducir el uso de plástico, optimizar el transporte y almacenamiento y promover el ahorro del cliente.
Diseño emocional y sostenibilidad técnica: una combinación real
El diseño de producto puede ejercer una función emocional sin renunciar a los principios técnicos de la sostenibilidad. Así lo demuestra la colaboración entre Ecobel y la diseñadora Agatha Ruiz de la Prada, con una línea de productos de limpieza ecológicos que combina una estética vibrante y fácilmente reconocible con envases fabricados en plástico reciclable, fórmulas con ingredientes de origen vegetal y un etiquetado claro y responsable. En este contexto, la forma de corazón del envase introduce un elemento simbólico que remite a valores como el cuidado o la conexión con el hogar, sin perder de vista la coherencia con el enfoque sostenible del conjunto.
Según explica Elisa Soro Lefebvre, directora general de Ecobel, el objetivo de esta colaboración es demostrar que sostenibilidad y diseño creativo no son conceptos opuestos: “Creemos firmemente que un producto puede ser respetuoso con el medio ambiente y, al mismo tiempo, contar con una identidad visual fuerte y diferenciadora. La clave está en asegurar que cada decisión de diseño, desde la selección de materiales hasta el etiquetado, responda a criterios de sostenibilidad y funcionalidad, sin renunciar a una estética capaz de conectar con el consumidor. La sostenibilidad no exige neutralidad visual, pero sí exige coherencia en todo el ciclo de vida del producto, desde su concepción hasta su fin de uso”.
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