La Unión Europea ha consolidado en la última década su compromiso con la economía circular a través de los Planes de Acción de 2015 y 2020, el Pacto Verde Europeo y el Pacto Industrial Limpio, entre otras iniciativas relevantes, buscando desvincular el crecimiento económico del consumo de recursos finitos y la generación de residuos para transformar el modelo económico lineal hacia uno de ciclo cerrado más sostenible, competitivo y neutro en carbono para 2050.
A pesar del progreso constante en áreas clave, es su informe ‘Situación y evolución de la economía circular en España’, Cotec afirma que la Unión Europea solo avanza parcialmente hacia el logro de los objetivos climáticos, ambientales y de sostenibilidad de la UE para 2030, según el último informe de seguimiento sobre el Estado del Medio Ambiente en Europa publicado por la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA, 2025). La economía circular es, precisamente, una de las áreas en las que se necesitan medidas más decisivas para impulsar el cambio de modelo. De los cuatro indicadores que la Agencia Europea de Medio Ambiente ha identificado como prioritarios porque se consideran totalmente incumplidos sus objetivos, dos de ellos son relativos a la economía circular: la duplicación del uso de materiales circulares y la reducción significativa de la huella de consumo de la UE.
La sociedad comprende cada vez más que la transición circular no es solo una cuestión de reciclaje, sino un cambio sistémico que abarca el diseño de productos, la producción, el consumo y la gestión eficiente de residuos. Ejemplo de ello es el porcentaje de la población que afirma saber qué es la economía circular, el cual ha mostrado un crecimiento significativo y constante desde 2017 (11,4%) hasta 2023 (59,9%), lo que sugiere una mayor concienciación sobre el concepto (según la Encuesta de Percepción Social de la Innovación de Cotec de 2024). En esta línea, la UE promueve medidas avanzadas como el diseño ecológico, la promoción de productos sostenibles y nuevos indicadores de seguimiento.
No obstante, persisten desafíos estructurales, como la adaptación normativa, el cambio en los hábitos de consumo y la dependencia de materias primas críticas importadas, a lo que se añaden nuevos riesgos geopolíticos. Estos retos exigen no solo fuertes inversiones públicas y privadas, sino también el desarrollo de medidas horizontales y transversales, desde indicadores avanzados e instrumentos económicos y fiscales, hasta iniciativas de investigación, innovación y competitividad, complementadas con acciones de sensibilización, formación y participación para fomentar la cultura circular.
La situación actual, según los indicadores, revela que la UE y sus países miembros aún no han avanzado lo suficiente hacia una circularidad sostenible. En general, los indicadores muestran progreso en el enfoque tradicional de tratamiento y minimización de residuos. Sin embargo, aspectos como la reutilización, la reparación y la conservación del valor de productos y materiales se encuentran en una fase muy inicial.
En el caso de España, en los últimos años, la evolución de la economía circular sigue la tendencia europea. El análisis de los indicadores disponibles (Eurostat e INE) muestra un avance moderado en comparación con la media de la UE-27 y países de referencia seleccionados como Alemania, Dinamarca, Finlandia, Francia, Italia y Países Bajos. Se mantiene una propensión favorable en la dimensión macroeconómica de los flujos de recursos, reflejada en la productividad de los recursos.
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