El sector químico español (CNAEs 20 y 21) cerró el ejercicio 2022 con un incremento de la cifra de negocios del 16,3%, hasta los 89.866 millones de euros, por el efecto de los precios. Sin embargo, la producción apenas creció un 0,9% respecto a 2021, un desplome iniciado en el segundo semestre del año debido, fundamentalmente, al impacto permanente de los altos costes energéticos y la invasión de Ucrania, a pesar de que el año arrancó con la misma tendencia de crecimiento con la que se cerró 2021. Así lo explicó el 29 de marzo en un encuentro con medios de comunicación la presidenta de Feique, Teresa Rasero, quien presentó los resultados de cierre del sector en 2022 y un análisis de situación de la industria química española en el momento actual.
Los precios de venta de los productos químicos continuaron en 2022 la senda de 2021, cerrando el año con un crecimiento del 18,6% de media. Los altos costes del gas y la electricidad fueron la causa principal de este comportamiento, ya que en la química básica crecieron un 31%, y en las actividades menos intensivas en energía, como la farmaquímica, solo el 2,2%.
De esta forma, al contrario que en ejercicios anteriores, el comportamiento no fue homogéneo en todos los subsectores que integra esta industria. Así, la química de la salud y la química de consumo directo (productos de limpieza, perfumería) crecieron entre el 10% y el 6%, pero la química básica, sin embargo, experimentó una caída de 11,2 puntos.
Tal y como destacó en su comparecencia la presidenta de Feique, Teresa Rasero, es precisamente en la química básica donde reside la gran preocupación del sector. Ésta es la que concentra mayores necesidades energéticas y, por lo tanto, la más afectada por los altos precios. Si bien mantuvo hasta marzo de 2022 un crecimiento productivo positivo, sosteniendo la actividad de manera relativamente sólida hasta mediados de año, a partir del segundo semestre empezó a experimentar reducciones de carga en las plantas y paradas intermitentes en múltiples instalaciones. Esto se debe a no poder trasladar al mercado -con una demanda cada vez más débil- el incremento de los precios energéticos, y particularmente del gas.
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