Manual en lugar de automatizada: si bien la soldadura láser solía estar en manos de robots, cada vez más soldadores, especialmente en empresas medianas, utilizan herramientas láser portátiles. Soldaduras delicadas, deformación mínima de la pieza, menor consumo de energía y alta precisión: la soldadura láser manual ofrece muchas ventajas. Pero también plantea importantes retos. “Esto no es para principiantes”, afirma Stephan Berekoven, especialista en soldadura de DVS (Sociedad Alemana de Soldadura) y director de ventas internas de BSW-Anlagenbau GmbH.
Un caso para (casi) todos los materiales
El Instituto Fraunhofer para Sistemas de Fabricación y Tecnología de Diseño (IPK) sabe exactamente qué materiales se pueden soldar con láseres portátiles: “Los láseres permiten unir de manera rápida y sencilla aceros no aleados, de baja y alta aleación, así como aleaciones soldables de aluminio y níquel. También se pueden procesar aleaciones de titanio y cobre. Las aplicaciones típicas son la soldadura de uniones en T, solapadas y en esquina, pero la técnica también se puede utilizar para uniones en I”, según la descripción del proceso del instituto. “Sin embargo, es importante que la soldadura se integre en un proceso bien diseñado, ya que incluso una superficie impecable puede ocultar defectos. Para evitarlo, se recomiendan las secciones transversales y, cuando sea necesario, las pruebas con rayos X. Este esfuerzo merece la pena: con la elección correcta de los parámetros, se puede lograr la máxima calidad”, subraya Raphael Marquardt, investigador asociado en Tecnología de Unión y Recubrimiento del IPK.
En definitiva, se trata de un proceso económicamente atractivo, pero que requiere una preparación interna exhaustiva y operarios especialmente cualificados. O, como lo expresa Stephan Berekoven: “¡Solo para profesionales!”.
Para poder ver el contenido completo tienes que estar suscrito. El contenido completo para suscriptores incluye informes y artículos en profundidad



