El 2 de agosto, entró en vigor la fase de inspección y sanción plena del Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial (AI Act), la norma que regula el uso de la IA en la Unión Europea. Desde esa fecha, los organismos supervisores nacionales -en España, la Agencia Española de Supervisión de la Inteligencia Artificial (AESIA)- tienen capacidad plena para inspeccionar y sancionar a las empresas que incumplan sus obligaciones, con multas de hasta 35 millones de euros o el 7% de la facturación global de la compañía, con independencia de su tamaño o sector.
Este cambio normativo llega en un momento de madurez desigual, con la mayoría de las empresas ya utilizando inteligencia artificial de forma habitual, pero muy pocas capaces de ir más allá de pruebas puntuales. La consultora tecnológica LKS Next ha analizado el estado de estos despliegues y ha identificado tres tendencias que van a condicionar cómo las empresas incorporan la IA a lo largo de 2026.
“Tenemos que pasar de una inteligencia artificial aislada, que funciona como un simple asistente, a integrarla realmente en el día a día de la empresa, capaz de acceder a la documentación y comunicarse con las herramientas que ya utiliza la organización. Con toda esta novedad, muchos equipos han empezado a probar herramientas por su cuenta, y eso genera una dispersión que hay que ordenar con criterio”, explica Aritz Galdós, coordinador del AI CoE (Center of Excellence) en LKS Next:
- Las empresas buscan controlar dónde se procesan sus datos. Un número creciente de compañías traslada sus proyectos de inteligencia artificial desde servicios en la nube de terceros países hacia infraestructuras propias o europeas. El objetivo es proteger la información sensible del negocio, reducir costes de procesamiento y evitar que esos datos queden sujetos a marcos legales de otros países. La Data Act, la nueva norma europea sobre datos, respalda este movimiento al permitir a las empresas trasladar su información de un proveedor a otro sin penalizaciones, algo que hasta ahora no siempre era posible.
- La nueva normativa europea obliga a auditar todos los usos de IA de la empresa. El AI Act exige a cualquier compañía que utilice inteligencia artificial, sea cual sea su tamaño, tener identificados y clasificados todos sus sistemas según el nivel de riesgo que suponen y garantizar la formación de sus equipos en el uso de estas herramientas. Esta obligación, vigente desde febrero de 2025, se suma ahora a la capacidad efectiva de sanción de los supervisores nacionales, lo que sitúa el cumplimiento normativo entre las prioridades de cualquier empresa que trabaje con IA.
- Los agentes de inteligencia artificial dejan de ser una promesa y entran en producción. Según los últimos datos, las empresas que ya utilizan este tipo de sistemas -capaces de completar tareas de forma autónoma, sin que una persona deba supervisar cada paso- han pasado de ser una minoría en 2025 a representar el 40% en 2026. Su despliegue avanza en funciones como la atención al cliente o la gestión documental, con retornos de inversión notables allí donde el proyecto madura correctamente. También se advierte de que más del 40% de estas iniciativas podría abandonarse antes de 2027 por no haber resuelto de antemano quién controla lo que estos sistemas pueden y no pueden hacer.
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